En general, en cualquier contexto social, la práctica del ejercicio y el deporte es incompatible con el acto de fumar.

El humo del cigarrillo tiene graves consecuencias sobre quienes practican alguna actividad física o deporte, pues el monóxido de carbono, gas producido por la combustión del tabaco y del papel, se adhiere a la hemoglobina de la sangre, disminuyendo su capacidad para abastecer al organismo de la cantidad de oxígeno que necesita.

El tabaco provoca aumento del ácido láctico, y en consecuencia tendrás fatiga rápida, respiración pesada y aumento de dolor después de tus rutinas de ejercicios. Menos oxígeno en la sangre reduce la resistencia física, reduce el rendimiento deportivo, pero afecta el movimiento regular del día como caminar, subir escaleras o hacer tareas domésticas.

Las personas que fuman llegan al agotamiento antes de los que no lo hacen, y no pueden correr tan lejos o tan rápido como los no fumadores.

Otras consecuencias cuando fumas:

  • Obtienes menos beneficios del entrenamiento físico.
  • Tienes menos fuerza muscular y flexibilidad.
  • Aumentas los trastornos del sueño.
  • Sufres de falta de energía y aliento, casi tres veces menos energía que los no fumadores.
  • Tienes casi el doble de probabilidades de sufrir lesión que los no fumadores.
  • Necesitas más tiempo para sanar después de una lesión, o el riesgo de no tener curación.

La realización de cualquier actividad física produce en el cuerpo endorfinas, llamadas también “las hormonas de la felicidad”. Gracias a ellas se produce en el cuerpo una estimulación similar a la que produce la nicotina en el cerebro al consumir cigarrillo, sensación que logra combatir el conocido síndrome de abstinencia. Una investigación realizada en ratones, publicada en The British Journal of Pharmacology, muestra evidencias acerca del efecto protector del ejercicio contra la dependencia de la nicotina.

El monóxido de carbono genera estrés vascular. En cada fumada se estimula la segregación de adrenalina, que produce vaso-constricción, hipertensión y daños al endotelio, que es el revestimiento interior de las arterias.

Existe fuerte evidencia de que la actividad física reduce los síntomas de abstinencia, el deseo de fumar y el aumento de peso durante el abandono del tabaco. Por el contrario, la persona que hace ejercicio y fuma prácticamente neutraliza los beneficios de su actividad. La creencia popular de que la actividad física elimina los efectos nocivos asociados al tabaquismo es absolutamente falsa. Nada más alejado de la realidad. En el organismo de los fumadores, que practican ejercicio, se observa un daño similar al que padecen los fumadores que no lo hacen.

Es evidente que existe la necesidad de comprender por qué el ejercicio físico debe incluirse en los programas de deshabituación del tabaco, aclarar cómo el ejercicio puede ayudar a los fumadores que deseen abandonar el hábito y establecer el tipo de actividad física más favorable, así como su intensidad, duración y frecuencia óptimas para que los fumadores se beneficien al máximo de su efecto de una forma sostenida. Es importante destacar, además, que la persona fumadora, de la misma manera que las que tienen exceso de peso o las que se han mantenido sedentarias por mucho tiempo, deben realizar una consulta médica antes de retomar una actividad física o practicar algún deporte.

Un buen comienzo

Ss aconsejable optar por ejercicio de resistencia aeróbico de larga duración no muy diferente al de la vida cotidiana. Caminar, nada, ir en bicicleta o correr son buenos ejemplos y tiene potencial de aliviar el deseo de fumar.

Sesiones de 20 minutos todos los días la semana e ir aumentándolas progresivamente hasta los 60 minutos, a intensidad más idónea debe ser la moderada (entre un 60% a 70% de la frecuencia cardíaca máxima); sin embargo, sesiones cortas de ejercicio de intensidad moderada son una manera de manejar el deseo compulsivo ante señales que incitan a fumar. Los “deportistas de fin de semana” pueden tener un riesgo importante de padecer un evento cardiovascular.

Cuando abandonas el cigarrillo, mejora ostensiblemente tu rendimiento:

  • Ocho horas después de dejar de fumar. El exceso de monóxido de carbono ha salido del organismo.
  • Cinco días después de dejar de fumar. Casi toda la nicotina ha salido de tu cuerpo.
  • Una semana después de dejar de fumar. Empieza a mejorar el sentido del gusto y el olfato.
  • Tres meses después de dejar de fumar. Tu función pulmonar ha mejorado hasta un 30%
  • Doce semanas después de dejar de fumar. Tus pulmones han recuperado la capacidad de purificarse.
  • Doce meses después de dejar de fumar. El riesgo de padecer un infarto se ha reducido en 50%
  • Un año después de dejar de fumar. Un fumador de cajetilla al día se ha ahorrado cerca de un millón 800 mil pesos colombianos.
  • Cinco años después de dejar de fumar. El riesgo de enfermedad del corazón se ha disminuido al de un no fumador.

Un contenido del Programa Corazones Responsables de la Fundación Colombiana del Corazón.